Improbabilidades Mediaticas Latinas: Orsai. Lo bastante locos como para que funcione…

Nuestro columnista internacional José Cervera nos introduce en el fabuloso mundo de Orsai y Hernán Casciari. Las locuras no tan locas que lo llevaron a fundar un proyecto editorial destinado al fracaso comercial pero que ya es un éxito… Orsai, la revista.

Érase una vez un periodista argentino. No, un escritor argentino. Pero que vivía en Cataluña. Y no era un escritor; era sus personajes imaginarios que escribían blogs hilarantes con voces de princesa falsa o de madre ficticia. Era un reportero con ansias literarias que decidió convertir un formato de Internet en un género literario. Y luego un comentarista de series televisivas muy poco normal que colocó a uno de los principales medios de su país de adopción al borde mismo de la ilegalidad más flagrante.

Era un padre reciente de pasado turbulento en las cenagosas aguas del periodismo porteño. Era un dramaturgo capaz de llenar teatros en Buenos Aires con la cara de un gran actor argentino y la adaptación de un blog. Era un amigo viejo y fiel con la traviesa mentalidad de esos niños que jamás aprenden lo que no se debe hacer. Era, de repente, rico. Así que decidió darse un capricho, sacarse una espina, cumplir un sueño. Y decidió hacer una revista.

Pero no iba a ser una revista normal; para estar a la altura del personaje, de su pasado y de sus sueños tenía que ser una locura integral, una imposibilidad monumental. Tenía que tener los mejores escritores, dibujantes y fotógrafos del mundo; tenía que estar impresa en el mejor papel y distribuirse allá donde alguien la quisiera, tenía que tener un precio asequible, diferente en cada país. Y tenía que carecer por completo de publicidad. Tenía que ser una imposibilidad industrial, un suicidio financiero, una matemática ruina, un salto al vacío sin agua y sin red. Tenía que ser una revista loca, loca, loca. La pregunta era si sería lo bastante loca como para tener una oportunidad, una remota posibilidad de funcionar. Hace falta tener caos dentro de uno para dar a luz una estrella danzarina. ¿Sería la idea lo bastante caótica?

Y entonces trajeron al pizzero, y no hubo dudas: esos tipos están lo bastante locos como para que funcione.

Pero empecemos por el principio: el tipo se llama Hernán Casciari, y la revista se llama Orsai. El primer número está ya en la calle, y antes de que exista se han vendido más de 10.000 ejemplares, muchos de ellos por parte de grupos de lectores que los han pagado antes de que existieran. Incluye un cuento largo (o novela corta) de Nick Hornby jamás publicado en español, entre otras tentadoras delicias. Y la pizzería abre al público el próximo enero en el pueblecito catalán de Sant Celoni, no muy lejos de Barcelona.

Volvemos a adelantarnos: la clave de todo esto es él, Orsai, Hernán Casciari. Periodista, argentino, razonablemente joven (39 años). Según se deduce de sus muy literarias confesiones llevó en Buenos Aires una vida intensa y caótica de periodista con muchas ganas de escribir y muy pocas cosas que perder. De hecho ganó, varios premios de novela, tanto en Buenos Aires como en París. Pero al final perdió, porque hacia el año 2000 arribó, como turista, a España. Con visado de tres meses, que se convirtieron en mucho más. Ya se sabe: se cruzó una mujer. Y también un fenómeno naciente, que eran los blogs. Casciari, letraherido y porteño, periodista sin periódico, decidió inventar la literatura en formato post. Y con ello triunfó.

Primero fue su Weblog de Una Mujer Gorda, que ganó premios y acabó convertido en libro (Más respeto, que soy tu madre) y en origen último de la aventura que narramos, como se verá. Luego, el Diario de Letizia Ortiz, falso blog de la periodista que de presentar el informativo de las nueve acabó convertida en futura Reina de España. Más tarde el blog del protagonista de una serie de la televisión vasca, 'Mi querido Klikowsky'. Y después su segundo libro, 'España, Perdiste' ('España, decí alpiste' en su edición argentina). Por último el diario español 'El País' le fichó para llevar un blog denominado 'Espóiler' dedicado a las series de televisión y para escribir sobre el mismo tema en el suplemento EP3. Este blog causó cierto revuelo, ya que además de excelentes comentarios sobre las más recientes series de televisión estadounidenses se proporcionaban enlaces que permitían localizar sitios de descargas desde donde obtenerlas, de modo ilegal. El diario argentino 'La Nación' también le incorporó como columnista semanal.

Finalmente vendrían dos nuevos libros: una novela titulada 'El pibe que arruinaba las fotos' y 'El nuevo paraíso de los tontos', un compendio de relatos obre las curiosas consecuencias sociales que está teniendo el ordenador. En conjunto, una prometedora e interesante carrera literaria que le llevó en poco tiempo a publicar varios libros y a ser columnista fijo de uno de los principales diarios de España, y dos del ámbito hispanoparlante. Pero las cosas no iban a ser tan sencillas: en septiembre del 2010 Hernán Casciari sorprendió a propios y extraños al anunciar su renuncia a esta sólida posición para embarcarse en una aventura enloquecida.

Lo que había ocurrido es que el libro 'Más respeto, que soy tu madre' fue adaptado para el teatro en Argentina por el conocido actor Antonio Gasalla, cosechando desde 2009 un gran éxito que continúa hasta hoy. El éxito teatral le proporcionó a Casciari, según confesión propia en su blog, ingresos económicos muy superiores a los que estaba acostumbrado a recibir en toda su carrera profesional. Con los fondos surgió, o mejor resucitó, una idea que siempre había estado ahí pero que nunca había podido llevar a cabo: crear su propia revista. Y así Hernán Casciari se embarcó, en compañía de algunos amigos de juventud, en el proyecto de un nuevo periódico, de una revista que fuese genuinamente suya. Pero iba a ser una revista completamente diferente a cualquier cosa antes conocida: iba a ser una revolución editorial.

El proyecto se denominó Orsai, y desde el principio se diseñó como un producto editorial para romper todas las normas del mercado editorial. Sólo escribirían los mejores autores y publicarían los mejores fotógrafos, que serían pagados con justicia; no habría publicidad que influyese de una u otra forma en los temas o su tratamiento.

Sería editada, impresa y distribuida con los más altos estándares de calidad profesional. Se vendería en todo el ámbito hispanoparlante, en todas partes con el mismo precio: 15 veces lo que cueste en cada país una revista semanal. Habría varias formas de adquirirla, bien en librerías o bien en la Red, en paquetes de 10 ejemplares; cualquiera podría comprar un paquete para sí, para sus clientes o para un grupo de amigos. Y sólo se imprimirían las que hubiesen sido solicitadas hasta el día 10 de diciembre. Respaldados por el dinero de Casciari, un puñado de amigos y fieles pusieron en marcha el proyecto. Que muy pronto empezó a salir demasiado bien.

Los dos primeros días se vendía en Internet un ejemplar cada 39 segundos. Los autores, ilustradores y fotógrafos consagrados recibían las propuestas y las contestaban con entusiastas afirmativas, sumándose al proyecto. Miles de internautas crearon un clamor colectivo a favor de la idea y de sus autores, y comenzaron a organizarse para presionar a libreros, para comprar paquetes de 10 revistas. La única garantía era el nombre de Casciari, el empuje de su idea, las maravillosas historias de su blog.

Pero eso resultó ser suficiente para mover multitudes: para mediados de octubre estaba ya claro que el inicial objetivo de vender 3.000 ejemplares de una revista de distribución trimestral se iba a quedar corto. Lógicamente el éxito en ciernes enturbió las mentes de los creadores del proyecto, porteños y por tanto de natural pesimistas. El principal colaborador y amigo de la infancia de Casciari empezó a tener sus dudas; acostumbrados desde siempre al fracaso glorioso daba miedo la posibilidad del éxito. Hasta ahora la idea era una completa locura, que increíblemente parecía estar saliendo bien: algo tenía que salir mal, algo tenía que suceder que acabase con sus sueños en el último momento. La locura parecía suficiente, pero no podía serlo.

Y entonces se trajeron al pizzero. Una anécdota de su juventud haciendo revistas en Buenos Aires para otros les recordó la pizzería donde obtenían el sustento para las largas noches de cierre: la pizzería de Comequechu. Hacía más de 10 años que no sabían nada de la pizzería ni del pizzero, pero de repente sintieron que para completar el proyecto necesitaban exactamente eso: las pizzas de Comequechu.

Y se fueron a Argentina, y localizaron al pizzero, y le convencieron que montase una sucursal de su pizzería en Cataluña; concretamente en Sant Celoni, en el edificio alquilado que se ha convertido en la redacción de la revista. Arriba, la sala donde se trabaja, donde nace 'Orsai'; abajo 'Estilo Argentino', la pizzería del Comequechu, las mejores pizzas de estilo argentino de toda la provincia de Barcelona (probablemente de toda Europa). Casciari convenció y financió la instalación.

La revista ha vendido más de  10.000 ejemplares, pagados por anticipado; ningún autor de los solicitados se ha negado, e incluso el inglés Nick Hornby les ha cedido un relato inédito en español. Una revista de gran categoría profesional y literaria, repleta del tipo de apasionantes historias que ya no pueden encontrarse en la prensa y sin publicidad ha nacido del caos, la improvisación, el arrojo y la locura de un puñado de periodistas de los que no les importa fracasar ni gastar el dinero en las cosas importantes, como tener a mano al pizzero adecuado.

Una verdadera acta de acusación contra la prensa profesional, la industria editorial formal, los periódicos serios y económicamente sensatos, que ya no hacen productos ni remotamente tan interesantes, atractivos y prometedores como es Orsai. Una pequeña revolución en el modo de hacer prensa en español que demuestra que sí se puede; que el periodismo puede sobrevivir, e incluso medrar con la ayuda de Internet; que con pasión, talento e imaginación se pueden romper barreras, que la supervivencia de los medios es posible. Con tal, eso sí, de que estés lo bastante loco.

 


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Equipo Editorial (@Portada_esp)

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